El infierno puede esperar de Hilario Peña
Es una novela que permite observar con mayor detalle la consolidación de un personaje que todavía tiene mucho por contar. Malasuerte es un pretexto muy bien logrado para decir con voz campechana lo cotidiano de una realidad nacional atravesada por el desencanto, la corrupción y la incertidumbre.
Una infinidad de microhistorias que se tejen alrededor de un fenómeno presente en la cotidianidad de millones de mexicanos le permite al autor articular una narración ágil, entretenida y sólida que recupera la esencia de paisajes y escenarios característicos del norte del país engarzándolos con un humor muy fino que hace peculiar a su propuesta literaria.
Entre el caos, la permanencia de valores que parecen en desuso sigue latente y determina las acciones de los personajes principales: “Le preguntaba a don Ogro si le parecía justo que gente bien educada como nosotros nos pudiéramos ir al infierno a quemarnos para siempre en su hoguera por haber cometido un crimen en nombre de los valores más nobles del género humano: la justicia y el amor. Él por justicia había asesinado al patán que grabó a su hija, mientras que yo alguna vez llegué a matar por amor.”.
El amor, que tiene una caracterización peculiar para Silverio (personificado en Telma), es el eje que articula sus periplos y desventuras: le da y le quita. Ya no es Malasuerte “en persona”, sino el halo de su casi mítica figura, quien encabeza los episodios dignos de contarse de Silverio, un auténtico producto de un nuevo, sórdido y desesperanzado mundo subterráneo.
No hay comentarios:
Publicar un comentario